La columna de García-Huidobro

Columna de opinión publicada originalmente en mayo de 2017, firmada por el exsacerdote jesuita Luis García-Huidobro. Fue escrita en respuesta a declaraciones de la entonces candidata presidencial Beatriz Sánchez sobre la industria forestal en la Araucanía.

La entonces candidata presidencial Beatriz Sánchez había dicho en Temuco, sobre las forestales en el Wallmapu: "desarrollo donde exista un diálogo con la comunidad que está alrededor, con la protección al medio ambiente y con otros tipos de reglas laborales [...] ahí estaría el alto que le pondríamos a las forestales, no en el sentido de sacarlas a todas".

Las forestales en la Cordillera de Nahuelbuta

En la Cordillera de Nahuelbuta hay aproximadamente 100 mil hectáreas en manos de Forestal Mininco (Grupo Matte) y Arauco (Grupo Angelini). Son tierras que las comunidades mapuche consideran usurpadas y que la dictadura entregó a esos dos grupos económicos. Estos sustituyeron bosque nativo por plantaciones de pino y eucalipto en uno de los ecosistemas de mayor biodiversidad del sur de Chile.

Esas plantaciones no se instalaron mediante diálogo con las comunidades vecinas, sino con una fuerte presencia militar y policial que continúa hoy. Actualmente hay cerca de 1.800 efectivos policiales desplegados en la zona en el marco de este conflicto.

La crítica al modelo de desarrollo forestal

Antes de hablar de un "modelo de desarrollo distinto", el debate debería partir por la desmilitarización de la zona. También debería reconocer que buena parte de esas 100 mil hectáreas no son necesarias para generar empleo. Las faenas forestales están mecanizadas y gran parte de las utilidades sale del territorio. Además, a mayor productividad forestal, menor es el número de puestos de trabajo. En paralelo, comunidades mapuche han avanzado en manejo forestal autónomo en terrenos recuperados, con ciclos de explotación mucho más largos que los de la industria forestal.

Los grupos Matte y Angelini, propietarios de Mininco y Arauco respectivamente, se cuentan entre los mayores conglomerados económicos de Chile. Sus negocios, además de la industria forestal y de celulosa, incluyen banca, energía y telecomunicaciones. La cordillera de Nahuelbuta, donde se concentra buena parte de sus plantaciones en la zona en disputa, es reconocida por biólogos como un refugio de especies endémicas del bosque templado chileno. Entre ellas están el zorro de Darwin y ejemplares centenarios de araucaria.

El contexto de la columna: la campaña de 2017

La columna se publicó en el contexto de la campaña presidencial de 2017, en la que Beatriz Sánchez representó al Frente Amplio. Esa coalición de partidos de izquierda obtuvo por primera vez una votación relevante a nivel nacional y terminó tercera en la primera vuelta de esa elección.

Luis García-Huidobro
Exjesuita

Qué pasó después de la columna

En la elección presidencial de 2017, Beatriz Sánchez terminó en tercer lugar en primera vuelta con cerca del 20% de los votos. Fue un resultado histórico para una coalición nueva como el Frente Amplio, aunque no le permitió pasar a segunda vuelta. La segunda vuelta la ganó finalmente Sebastián Piñera. Durante su gobierno, iniciado en 2018, la política hacia la industria forestal en la Araucanía no sufrió cambios estructurales respecto de administraciones anteriores. El despliegue policial en la zona se intensificó, con la creación de unidades especiales como el ya mencionado Comando Jungla.

En 2018, ya como presidente, Sebastián Piñera lanzó el "Plan Impulso Araucanía", un programa de inversión pública en infraestructura y desarrollo social para la región. Según críticos del propio sector mapuche, el plan no incluyó cambios sustantivos a la estructura de propiedad forestal que esta columna cuestionaba. Por eso, organizaciones territoriales calificaron la iniciativa como una respuesta principalmente asistencial que no abordaba el fondo del conflicto por tierras.

El propio Grupo Matte, propietario de Forestal Mininco, ha respondido en distintas ocasiones a este tipo de críticas. Señala programas propios de responsabilidad social y de compra de tierras a comunidades vecinas. Organizaciones mapuche de la zona han calificado esas iniciativas como insuficientes frente a la magnitud de las hectáreas en disputa, en un debate que continuó sin resolución de fondo durante los gobiernos posteriores a la publicación de esta columna.